
The Simpsons®
Cuando el mercado se pone nervioso, los cambios se sienten antes de verse en la cuenta de inversiones.
Aparecen primero en el tono de las conversaciones. En la cantidad de titulares. En los mensajes que empiezan a circular en grupos donde normalmente nadie habla de macroeconomía. De repente todo el mundo quiere entender qué está pasando y qué podría venir después.
Esta vez, como mencionamos en el Up(to)Date del lunes, el centro de la conversación volvió a ser el petróleo.
El petróleo no suele ocupar titulares por sí solo. Lo hace porque cuando se mueve con fuerza termina arrastrando otras variables: inflación, tasas de interés, crecimiento, tipo de cambio. Es una de esas piezas del sistema económico que conecta muchos otros precios.
En las últimas semanas el conflicto entre Israel e Irán volvió a traer a la conversación un riesgo que el mercado conoce desde hace décadas: la vulnerabilidad del Estrecho de Ormuz como ruta energética.
En cuestión de días el precio del petróleo llegó a superar los 110 dólares por barril y luego regresó a la zona de los 80. Ese tipo de movimiento refleja que el mercado está tratando de asignar un precio a un riesgo geopolítico que nadie puede medir con precisión.
La pregunta relevante no es si el petróleo sube o baja mañana.
La pregunta es cómo se invierte cuando el mercado está tratando de valorar un riesgo que no cabe bien en ningún modelo.
Por qué el petróleo cambia el ánimo del mercado
El petróleo es un precio, pero su efecto se extiende mucho más allá del sector energético.
Cuando sube de forma abrupta, aumenta el costo del transporte, de la logística, de la energía y de muchos procesos productivos. Parte de ese aumento termina trasladándose a precios.
Ese traslado alimenta expectativas de inflación.
Y cuando las expectativas de inflación cambian, aparece la siguiente variable: las tasas de interés. Los inversionistas empiezan a preguntarse cuánto margen tendrán los bancos centrales para reducirlas o si deberán mantenerlas altas durante más tiempo.
En ese momento el movimiento deja de ser una noticia sobre energía. Se convierte en una conversación sobre política monetaria, crecimiento y valoración de activos.
Ormuz no es un detalle geográfico

Hay lugares que parecen pequeños en el mapa pero ocupan una posición central en la economía global. El Estrecho de Ormuz es uno de ellos.
Una proporción significativa del petróleo que se consume en el mundo pasa por ese punto.
Por eso no hace falta un cierre total para que el mercado reaccione. Basta con que el riesgo de interrupción se vuelva plausible para que el precio empiece a moverse.
En mercados financieros los precios suelen reaccionar antes de que ocurra el evento. Lo que se está negociando no es el hecho en sí, sino la probabilidad de que ocurra.
Cómo se conecta esto con República Dominicana
República Dominicana no produce petróleo. Lo importa.
Cuando el precio del crudo sube, el impacto no se limita al precio del combustible. Parte de esa presión se transmite al transporte, a la distribución y a varios componentes del índice de precios.
Ese proceso no ocurre de forma inmediata ni automática, pero influye en las expectativas de inflación.
Y cuando las expectativas de inflación cambian, también cambia el espacio que tienen los bancos centrales para ajustar tasas.
Existe además un segundo canal. En episodios de incertidumbre global el dólar suele fortalecerse y los flujos financieros se vuelven más selectivos.
Para un país importador, ese movimiento afecta el costo de bienes importados, servicios denominados en dólares y cualquier gasto que dependa de moneda extranjera. A demás de afectar directamente el tipo de cambio.
Qué hacer con un portafolio en momentos así
Cuando el mercado se vuelve volátil aparece una tentación conocida: hacer algo rápido.
Mover posiciones. Cambiar la estrategia. Buscar la jugada correcta antes que los demás.
La experiencia muestra que muchos de los errores más costosos aparecen cuando se confunde actividad con estrategia.
En momentos como este suele ser más útil revisar la estructura del portafolio que tratar de anticipar el próximo titular.
Liquidez que permita elegir el momento
En periodos de volatilidad la liquidez (es decir, qué tan disponible está tu dinero) cumple una función importante.
Un colchón de liquidez permite evitar ventas forzadas cuando los precios se mueven por titulares o por cambios temporales en el ánimo del mercado.
Esto no implica abandonar el mercado. Implica construir un portafolio donde un imprevisto no obligue a liquidar inversiones en un momento desfavorable.
Activos que responden a historias distintas
En episodios de tensión geopolítica muchos inversionistas buscan refugio.
Los bonos soberanos de alta calidad, el dólar y el oro suelen ocupar ese lugar en las carteras.
Cada uno tiene matices. Los bonos pueden reaccionar a expectativas de inflación y tasas. El oro puede experimentar movimientos amplios en horizontes cortos. El dólar también responde a la política monetaria y a los flujos globales.
El objetivo no es encontrar un refugio perfecto. El objetivo es que una parte del portafolio no dependa del mismo escenario que está afectando al resto.
Empresas que dependen menos del ciclo
Hay otra forma de resistencia que a veces pasa desapercibida: el tipo de negocio.
En momentos de incertidumbre se vuelve más visible la diferencia entre empresas que requieren condiciones muy favorables y empresas cuya demanda permanece relativamente estable.
Las compañías de consumo básico (también conocidas como de “consumo masivo”) suelen ofrecer un buen ejemplo.
Procter & Gamble vende productos que forman parte de la rutina diaria de millones de hogares. Esa rutina continúa incluso cuando el contexto económico cambia.
Coca-Cola comparte una característica similar. Su red de distribución y su presencia global hacen que el negocio dependa menos de episodios puntuales de entusiasmo o pesimismo.
Walmart ofrece otra perspectiva. En momentos donde los consumidores ajustan su gasto, muchos buscan precios más bajos. Los grandes retailers suelen captar parte de ese cambio en comportamiento.
Estos ejemplos ilustran un tipo de empresa cuya actividad no depende de un entorno perfecto para sostener sus ventas.
Moneda y exposición al dólar
Cuando el riesgo proviene de factores energéticos o geopolíticos, la exposición a dólares cumple una función de diversificación.
Muchas metas financieras futuras incluyen gastos en moneda extranjera: estudios, viajes, importaciones o activos internacionales.
Mantener una parte del portafolio en dólares puede reducir la dependencia de un solo escenario cambiario.
La idea no es convertirlo en una apuesta central, sino reconocer cómo se distribuyen los riesgos.
El impulso de ajustar todo
La incertidumbre suele generar una sensación de urgencia.
Esa urgencia empuja a modificar la cartera con frecuencia.
En muchos casos resulta más útil revisar algunos puntos básicos: liquidez, exposición a moneda, concentración y calidad de los activos. Esa revisión ayuda a asegurar que la estructura del portafolio pueda atravesar periodos de volatilidad.
El mercado puede permanecer nervioso durante semanas o meses. El plan de inversión debería ser capaz de sostenerse durante ese tiempo.
En conclusión…
El petróleo y el Estrecho de Ormuz comparten una característica: introducen incertidumbre que no se mueve de forma gradual.
Cuando cambian las condiciones, lo hacen con rapidez.
En esos momentos la ventaja rara vez pertenece a quien intenta anticipar cada movimiento del mercado. Suele pertenecer a quien llega con una estructura que resiste mejor los cambios.
Liquidez suficiente, diversificación, empresas con balances sólidos y una exposición de moneda coherente con los objetivos financieros.
Esa combinación permite algo que en momentos de volatilidad se vuelve especialmente valioso: seguir invirtiendo con calma cuando otros están reaccionando con prisa.
Nos leemos el domingo.
Ustedes son los mejores 💙

