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Estimados lectores del Club del Arbitraje:

Esta semana el Ministerio de Hacienda y Economía (al cual, por eficiencia, nos referiremos como “el Ministerio” durante el resto de este artículo) publicó la versión más reciente del Panorama Macroeconómico 2026–2030, antes conocido como Marco Macroeconómico, con la perspectiva de cara a los próximos cinco años.

En ese documento, el Ministerio presenta proyecciones para variables clave de nuestra economía (como el crecimiento de la actividad, la inflación y el tipo de cambio) consensuadas con el Banco Central.

Esto último es especialmente relevante por que, al ser estimaciones consensuadas, describen con bastante precisión la postura que el Banco Central está dispuesto a respaldar hacia adelante.

Los lectores habituales de este newsletter saben que, como parte de nuestra línea editorial, siempre le prestamos especial atención a lo que comunica el Banco Central. Esto responde, por un lado, al respeto por la autoridad monetaria y, por otro, a una idea sencilla:

Si quien arbitra el juego tiene la capacidad de influir en cómo se desarrolla, vale la pena escuchar con atención lo que proyecta sobre el resultado.

Esto no aplica por igual a todas las variables. Hay algunas (como el crecimiento del PIB y, en menor medida, la inflación) que no están completamente bajo el control del Banco Central. Pero en otras, como la tasa de cambio, lo que se comunica desde el bastión de Albizu cobra especial relevancia.

En lo que resta de este artículo, desglosamos las variables más importantes del último Panorama Macroeconómico y qué pueden implicar, en la práctica, para el bolsillo de nuestros lectores.

Crecimiento: 3.75% en 2026 y el regreso de las revisiones a la baja

El primer dato que salta a la vista es el crecimiento proyectado para 2026. El documento plantea que la economía crecería 3.75% este año. Es una mejora con relación a 2025, pero también representa una revisión a la baja importante si se compara con el tono que se tenía a fines del año pasado.

En el cierre de 2025, el Banco Central venía comunicando un 2026 en el rango de 4.5%–5%, alineado con el crecimiento potencial de la economía dominicana. El crecimiento potencial, en términos sencillos, es el estimado de lo que puede producir una economía cuando opera cerca de su capacidad máxima. En República Dominicana, tanto expertos locales como organismos internacionales suelen ubicar ese potencial alrededor de 5%.

Recientemente, ha surgido un debate interesante sobre si el impacto de la pandemia (más que una distorsión temporal) dejó efectos permanentes sobre la capacidad de crecimiento de nuestra economía. Por eso que las estimaciones sobre “el crecimiento potencial” no hayan cambiado mucho en tanto tiempo, a pesar de la pandemia y de otros choques externos relevantes, da para toda una discusión a parte. Si quieren un artículo sobre el tema, déjennoslo saber.

Por ahora, el mensaje importante es otro: nuevamente, el año arranca con una revisión a la baja, y esta vez esa revisión luce coherente con el entorno.

El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha generado un choque significativo a la economía global a través del costo de los combustibles y, sobre todo, a través de la incertidumbre. Ese tipo de incertidumbre suele frenar decisiones de inversión, y en un momento en que muchos mercados venían apostando a menores costos de financiamiento, cualquier asomo de presión inflacionaria corta el impulso.

Dependiendo de cómo se siga desenvolviendo el conflicto alrededor del Estrecho de Ormuz, el escenario podría incluir un aumento de tasas, o por lo menos la prolongación de condiciones financieras apretadas. Esto es especialmente delicado para el caso dominicano pues, la construcción (una actividad especialmente sensible a las tasa de interés), sigue siendo uno de los sectores más importantes para el desempeño de la economía. Con crédito caro y con expectativas globales menos favorables, no sorprende que el consenso, a la espera de futuras revisiones, termine aterrizando en 3.75%.

Inflación: 4.95% a diciembre y un margen estrecho para equivocarse

El segundo dato relevante es la inflación proyectada a diciembre. El panorama contempla 4.95% para el cierre de 2026. En otras palabras, el documento no está planteando presiones inflacionarias fuera del rango meta de 4% ± 1%.

Eso, de entrada, sugiere que las autoridades entienden el choque como manejable dentro del marco de política. Pero el contexto vuelve el mensaje más interesante. La inflación interanual de febrero fue 4.67%. La presión ya se está sintiendo. El entorno global está cargado. Y el ruido alrededor del petróleo no es menor.

Con esas piezas sobre la mesa, el mercado naturalmente empieza a preguntarse qué hará falta para que la inflación efectivamente se mantenga dentro del rango sin que el tipo de cambio o los combustibles desordenen expectativas. Por eso, aunque el documento no lo diga explícitamente, el mensaje implícito se presta a interpretarse como un sesgo más restrictivo. Mantener la inflación contenida en un año con incertidumbre global suele requerir algún tipo de señal monetaria clara. Y en ese conjunto de herramientas, la tasa es la más visible.

No hay que correr a conclusiones, pero sí reconocer que el rango es estrecho. Cuando la inflación se mueve cerca de 5% y el entorno está cargado, la credibilidad y el manejo de expectativas se vuelven tan importantes como las medidas puntuales.

Tipo de cambio: el número que amarra todo

El tercer punto, y quizá el más importante en términos de lectura de mercado, es la proyección del tipo de cambio. El panorama plantea que el promedio del año cerraría en 63.95 pesos por dólar estadounidense.

Hasta aquí, muchos podrían leerlo como un número más. Pero cuando se contrasta con el comportamiento reciente, el dato toma otra dimensión. En los primeros tres meses del año, el promedio ha sido 62.02. Para que el promedio anual cierre en 63.95, los próximos nueve meses tendrían que promediar alrededor de 64.59.

Eso significa que la proyección, en esencia, incorpora una depreciación más marcada en el resto del año. Y si asumimos que esa trayectoria se da de una forma relativamente gradual, sin saltos bruscos, no luce descabellado pensar que el tipo de cambio termine acercándose a 65 hacia final de año. Desde niveles actuales cercanos a 61.2, estaríamos hablando de una depreciación de aproximadamente cuatro pesos en el transcurso del año.

En una economía insular e importadora como la dominicana, el tipo de cambio es un canal directo hacia precios, hacia expectativas y hacia percepción de estabilidad. Una proyección de depreciación más acelerada hace más exigente el reto de mantener la inflación dentro del rango, y por eso también refuerza la lectura de que el año podría necesitar una postura monetaria más firme de lo que se anticipaba cuando el escenario global era más benigno.

En conclusión…

El crecimiento de 3.75% para 2026 vuelve a recordarnos que los choques externos siguen teniendo capacidad de reordenar proyecciones. La inflación a diciembre de 4.95% sugiere que el gobierno entiende las presiones como manejables dentro del rango meta, pero el margen para equivocarse luce estrecho dado el punto de partida de 4.67% y la incertidumbre internacional. Y el tipo de cambio proyectado, con un promedio anual de 63.95, implica un segundo tramo del año con depreciación más intensa, suficiente como para llevar el cierre cerca de 65 si la trayectoria es gradual.

El 2026 se ve más retador de lo que se proyectaba a finales de 2025. Y esa diferencia, en un contexto global de energía cara e incertidumbre, hace que el mercado vuelva a mirar con atención el triángulo que siempre manda en economías importadoras: actividad, inflación y tipo de cambio.

Esperamos que hayan tenido un buen feriado.

Si hoy regresan a casa, por favor, manejen con cuidado.

Nos leemos mañana con el Up(to)Date.

Ustedes son los mejores 💙

Un fuerte abrazo.

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